Aracy Amaral 1930-2026
Aracy Amaral murió este lunes 14 de septiembre de 2026 en Sao Paulo, Brasil, y es posible decir que fue la última crítica e historiadora de arte latinoamericano de la que se tenga notica, pues la generación que le siguió estuvo conformada exclusivamente por los denominados curadores.
Aracy Amaral medía un metro y medio de altura, y era menuda, ágil y bravísima. Sin pelos en la lengua, iba diciendo las cosas de la A a la Z justo como eran.
En 1978 publicó un artículo titulado: “Críticos de América Latina votan contra una bienal de Arte Latinoamericano” en donde cantaba la tabla a todos los burócratas que se reunieron a decidir si era necesario o no hacer un evento de arte del continente, para votar, justamente, en contra de tal evento, ¿por qué?, siguiendo el texto de Amaral, por una mezcla entre complejo de vira-lata (perro callejero) y reverencia a los centros de poder, lo que en realidad –ahora que lo pienso--, está lejos de ser una mezcla, porque es una y la misma cosa.
En palabras de Amaral: “En una manifestación insostenible de desconfianza en su arte propio como valor autónomo, de preocupación por mantenerse atados al sistema del arte de los grandes centros mundiales y de temor al aislacionismo, más de 30 críticos […], votaron en favor de la terminación de las Bienales de Arte de América Latina organizadas a partir de la Bienal de Sao Paulo”.
Mas adelante, en el mismo artículo, Amaral pasa a revisar las finanzas de la Bienal, para preguntar ¿por qué es un fundación manejada por empresarios si el dinero es exclusivamente estatal? Cuestionamiento que hoy, cincuenta años después, sigue estando al orden del día.
Pero voy a hablar de Amaral, de Aracy, y no del financiamiento de la bienal, lo citado atrás es solo un ejemplo de cómo escribía sus textos, y cómo le gustaba decir verdades.
Mencioné arriba que Aracy Amaral fue la última crítica e historiadora de arte latinoamericano propiamente dicho, porque fue compañera de generación y de simposios, revistas, bienales, exposiciones, etc., de Marta Traba (1923-1983), Juan Acha (1916-1995) y Damián Bayón (1915-1995), cuando el proyecto de constitución de un panorama de arte propiamente latinoamericano era viable, es decir, la construcción de una red de conocimiento entre nuestros países. Lo que terminó por deshacerse cuando los mismos que financiaban el arte moderno –la Unión Panamericana, OEA, y el MoMA de Nueva York– se dieron cuenta de la autonomía crítica que ese proyecto implicaba.
Aracy Amaral estudió periodismo en la Pontificia Universidad Católica, luego hizo una maestría en filosofía en la Universidad de Sao Paulo y, más adelante, un Doctorado en Arte en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de esa misma universidad. Al final de la década de 60, comenzó a investigar a la pintora Tarsila do Amaral (1886-1973), que era, por lo demás su familiar lejano, una tía abuela.
Aracy fue a la casa de Tarsila quien –cuenta la investigadora–, guardaba absolutamente todo, el más mínimo papel, tanto que seguía un consejo de su padre: si el documento no tiene importancia sólo se guarda 20 años.
De este modo, los archivos de Tarsila eran una verdadera mina de piedras preciosas intacta que fue siendo explorada por la joven Aracy durante unos tres años. Tarsila de Amaral sacaba listas de compras de cuadros que iban de Picasso a Léger, y de Modigliani a Ingres; o entregaba catálogos de Brancusi que no solo estaban firmados y dedicados a Tarsila, sino que incluso tenían dibujitos del gran escultor rumano, o facturas de vestidos del diseñador francés Poiret.
En fin, todo eso y mucho más fue recuperado con paciencia y dedicación por Aracy Amaral en la casa de Tarsila, justo antes de su muerte, y si no fuera por Aracy, no sabríamos una décima parte de lo que sabemos de esta gran pintora brasileña. Por lo demás, cuenta Aracy Amaral que, aunque Tarsila era generosa y colaboradora, no era fácil en algunos aspectos; por ejemplo, Tarsila estaba de acuerdo en que Aracy escribiera un libro sobre ella pero le rogaba encarecida e insistentemente en que no revelara su edad, lo que hacía inviable la misma cronología del libro. Al final no hubo mayor problema, pues el volumen solo fue publicado en 1975, dos años después de la muerte de la pintora.
Otro libro de Aracy Amaral titulado “La hispanidad en São Paulo” resulta relevante. En este caso, el tema es la arquitectura colonial de casas rurales y capillas y sus vínculos con la colonia hispanoamericana, de modo, que no sólo deja un registro único de la configuración de esta época sino que muestra cómo Aracy pensaba a Brasil en América Latina, en red con los países vecinos, lo que es, ciertamente peculiar, en la intelectualidad brasileña, más aún cuando sus temas son las artes y las letras.
Pero es que el tema de Aracy excedía muchas veces las artes para ir a lindar con lo político, asunto que se deja ver en su otro libro titulado: “Arte ¿para qué? La preocupación social en el arte brasileño”. Un título que da cuenta de suyo de la perspectiva política del arte, y de una preocupación que en nuestro continente ha sido clave; la finalidad del arte en sí, pues nunca hemos sido muy fanáticos del “fin sin finalidad” emblema que va desde Kant hasta la Guerra Fría, con el único objetivo de despolitizar lo inminentemente político del arte, y ojo: no digo que por ser político el arte tenga que ser panfletario.
Finalmente mencionaré el libro, reunión de artículos, titulado “Arte e méio artístico: ente a feijoada e o x-burguer” (“Arte y medio artístico, entre la frijolada y la hamburguesa”), un título que he traducido pero que no suena muy bien en español, porque sería algo así como: entre la bandeja paisa y el McDonalds. Un título que da cuenta de la dicotomía del arte en Brasil y, por extensión, en toda América Latina: entre lo provinciano y lo esnobista. Y un título que da cuenta de la misma Aracy Amaral: irreverente, sin pelos en la lengua, en resumen, sincera, una cualidad extrañísima en los críticos de arte.
Aracy Amaral contribuyó enormemente al conocimiento primero que todo de Tarsila de Amaral, eso sin duda, pero además del modernismo paulista, de Flavio de Carvalho, de Ismael Nery, de Alfredo Volpi, y de cuantos más que se me escapan en este momento, y más aún, Aracy contribuyó en su visión general a pensar a Brasil en su arte en dialogo con América Latina, asunto que, repito, es decisivo en el fortalecimiento de nuestra propia historia.
Una de las últimas veces que vi a Aracy en su apartamento, le acaba de llegar un grabado que había comprado en una subasta de la noche anterior, me dijo si quería verlo y le dije que sí, que claro: era nada más ni nada menos que una copia hecha en el siglo XIX de la Melancolía de Durero. Aracy me dijo que había visto en el catálogo que el precio de salida estaba bajísimo, unos 100 dólares, y entonces que se había animado a ir. Una vez en la subasta se dio cuenta de que la gente no se había percatado de la última obra del catálogo, pues todo el mundo se estaba yendo. Entonces, Aracy esperó pacientemente, de modo que cuando el grabado fue ofrecido, ella fue la única en ofertar, cosa que lo compró a precio de salida. Y me lo contaba como si fuera una pequeñez, pero los ojos le brillaban de la satisfacción, y yo pues nada: veía a Aracy y al Durero, y no me lo podía creer en una mezcla de admiración y de la más baja envidia.
Gran Aracy Amaral: cada uno de los que estudie historia del arte de América Latina tendrá que toparse contigo y solo le restará agradecer la profundidad y compromiso con la verdad que hay en todo lo que escribiste. Yo solo agradezco haberme topado contigo y con tus textos.
Julia Buenaventura
16 de septiembre de 2026


